9 de marzo de 2014

Oh Boy (Jan Ole Gerster)


Oh Boy
Oh Boy

"Oh Boy" es un film en blanco y negro, alemán y dirigido por un director desconocido... Estas son las
premisas de una de las mejores comedias que se han estrenado en los últimos meses, con una frescura contagiosa y con un final que me sorprendió y me pareció valiente, a tenor del cuidado que parece encontrarse a la hora de recordar cierto tipo de acontecimientos que marcaron la historia de Alemania y de Europa.

Está dirigida por un tal Jan Ole Gerster, a quien su ópera prima le ha reportado, en calidad de guionista y director, la friolera de ocho premios, lo cual no está nada mal. Además, la película en sí, se llevó 6 premios de la Academia de cine alemana el año pasado.

Su protagonista, Tom Schilling, interpreta un fabuloso papel que recuerda mucho al Griffin Dunne de "Jo, ¡qué noche!" ("After Hours") y podría ser una mezcla de Woody Allen con el personaje de Antoine Doinel que tantas glorias dio a Truffaut, pero ubicado en los tiempos modernos, donde la juventud mira el futuro con apatía. Éste también se ha llevado un buen puñado de premios por su interpretación en este film.



El personaje Niko y la ciudad de Berlín,
 estarán presentes durante todo el metraje
"Oh Boy" narra 24 intensas horas en la vida de un joven alemán que vive de prestado en Berlín con los 1000 Euros que le suministra su padre cada mes para estudiar una carrera que dejó hace años. Durante esas 24 horas -que para nosotros son 85 cómodos minutos-, vamos conociendo una hilera de personajes como su vecino, una amiga del colegio que de joven estaba gorda o a su propio padre.

El caso es que al mismo tiempo, vamos descubriendo que Niko (así se llama el protagonista) tampoco es tan joven (tiene treinta años), su padre tiene bastante pasta (o al menos puede permitirse echar unas partiditas al golf), y Niko se pasa toda la película queriendo tomarse un café que, por caprichos del destino, nunca puede disfrutar.

Todo el tono de la película está en clave de comedia y a mí me recordó un poco a "Jo, ¡qué noche!" de Martin Scorsese, donde su protagonista se va encontrando con múltiple "fauna" en la ciudad de Nueva York a lo largo de una noche antológica.

Niko le oculta a su padre que hace dos años
 que dejó la universidad (sin terminarla).
Entre las múltiples lecturas que pueden encontrarse, la que más me cautivó es la de ver a un joven treintañero que vive aún de su padre, ni estudia ni trabaja, y refleja una cierta apatía que debe existir en Alemania pero que, a buen seguro, sí que identifico en España, con lo que refleja una situación bastante dramática que ocurre en nuestra actualidad.

Pero lo que me sedujo aún más de esta película que ya me estaba entusiasmando fue su recta final.
*SPOILER* Hacia el final de la película, Niko está en un bar, y se encuentra con un viejo que le cuenta que, años atrás él mismo rompió los cristales de ese mismo local inducido por su padre, y habla de una época que fue importante, y quizás deshonrosa para los propios alemanes, y que todo lo que preocupaba a ese niño hace setenta años, era que no podría montar en bici.*FIN DE SPOILER*
La historia que cuenta ese hombre en el bar, combinada con los problemas y circunstancias que suceden durante la película, creo que viene a dar la clave de esa necesidad de "despertar" que existe en cierta parte de nuestra sociedad entre las que, quizás, yo mismo me incluya.

No sé como se llama este actor que aparece al final,
 pero el pequeño papel que interpreta me parece memorable
En el apartado técnico, me encuentro con una película rodada en fabuloso blanco y negro, cuya fotografía parece querer dar más protagonismo a la ciudad donde se desarrolla (Berlín) que a los personajes que deambulan por ella. Además, el tono que tiene ese blanco y negro, se asemeja a algunas pelis de la Nouvelle Vague. La música, a ritmo de jazz, le da un toque vivo a ese blanco y negro apagado que hace de ésta, una combinación, en mi opinión, irresistible.

En resumidas cuentas, "Oh Boy" me ha resultado una divertida y reflexiva película, muy recomendable para todo tipo de público, que habla de lo perdido que puede llegar a estar un joven treintañero por la vida, sea alemán, español o danés. Si tuviera que definirla con un solo adjetivo, diría que es fresca. En resumen, una muestra más de que una película alemana, en blanco y negro, y dirigida por un desconocido, no tiene porque ser una peli para "gafaspasta". De hecho, es una gran película.