6 de febrero de 2014

Los Orígenes del Cine (IV): Alexander Promio






En la tercera entrega, nos quedamos en el gran éxito que supuso el cinematógrafo Lumière y el kinetoscopio de Edison en la sociedad de occidental a finales del Siglo XIX. En esta cuarta entrega hablaré de los primeros coletazos de una industria que aún estaba en pañales. Nos vamos a España en 1896...

Tras las primeras proyecciones de los Lumière, el cinematógrafo hace su presentación en sociedad en diversas ciudades europeas y de los Estados Unidos. Su popularidad eclipsa los demás artilugios inventados por los demás y se expande más rápido que la pólvora. Los hermanos Lumière se vieron entonces sobrepasados y tuvieron que contratar los servicios de operadores de confianza que filmasen más escenas para ofrecer un mayor catálogo. Los cinematógrafos nunca eran vendidos, sino que la empresa Lumière ponía el operador y el material filmado a cambio de una parte de los ingresos de la exhibición.