6 de marzo de 2016

El cine fantasma (by Nino): XI.- Trumbo

Trumbo
"Vacaciones forzadas de las letras... en Roma" (por Nino)
@CinecomioWall

Trumbo
Cartel de la película
La historia de la literatura universal está plagada de hombres y mujeres que debieron luchar lo indecible para dedicar su trabajo y capacidad intelectual, en la difusión de sus ideas, vivencias y conocimientos, o el uso de la imaginación. El estudio de las palabras mantiene a los Individuos defendiendo la expresión y la propia singularidad como un derecho inviolable de todos los seres humanos, es decir, a pensar o dar su opinión, libremente.

Por consiguiente, Trumbo (asomando su rostro por última vez en el cine) representa hoy, todo aquello lo que merece ser defendido en la libre opinión sin desagravios personales o crímenes, sentido único de la libertad en la que se cimentó la Constitución de los Estados Unidos de América. Antes de aquellos años oscuros, el joven Dalton Trumbo periodista de Vogue, proclamó su rechazo por los estragos que produce en el ser humano y dedicó su esfuerzo a combatir el silencio sobre esas cuestiones.



Y extrañamente, Jay Roach es un director habituado al humor ligero con "Los Padres de él/ella" o irreverente con la trilogía de "Austin Powers" (también productor de algunos filmes de Sacha Baron Cohen), define este momento concreto de la historia norteamericana, manteniendo la sonrisa como lucha de los trabajadores contra aquellos que intentan doblegar el raciocinio o entendimiento, construyendo una tupida red patriótica. Luego, defender la identidad no significa la ocultación de una máquina que no haga preguntas o aguante respuestas en forma de represalias llamada ´legales`.
Hoy vemos (como ayer) que la justicia está en peligro constante, con el intento de manipulación o desprestigio de algunos profesionales que en caso de intimidación o dejadez, provocan errores sin posible vuelta a atrás.

Dalton Trumbo interpretado por Bryan Cranston
Dalton Trumbo interpretado por Bryan Cranston
A pesar de que las épocas han ido cambiando y la forma de vida con ellas, algunas cosas se
mantienen en eterna lucha, pero escritura y lectura siempre se mantiene dentro de los márgenes de exclusividad cerebral, contra los copiadores o negreros bajo la sombra de su catadura moral. En ese sentido, admiro la posición de Roach en Trumbo, defendiendo la imaginación que proviene de un órgano en el interior de nuestra cabeza envejeciendo a su ritmo, e intentando seguir el dictado libre de valores adquiridos o costumbres familiares, de la experiencia y por tanto, la educación sin adoctrinamiento.

En 1947, dos grandes potencias militares y económicas, dos visiones distintas del mismo mundo, dos concepciones de la libertad, se enfrentaban en lucha sigilosa por la cuestionada supremacía ideológica. Mientras en el mundo cinematográfico, los tentáculos asfixiantes se extendían por historias e imágenes (no alejadas del conflicto bélico, nosotros lo conocemos bien) atrapando rehenes silenciados y héroes heridos intelectualmente en ambos bandos.

Las opciones eran traumáticas para profesionales o autores de esas narraciones en la ficción, teniendo que elegir entre libertad de pensamiento o un estado de persecución externa, que proferían falsamente, los autoproclamados defensores de la verdad. El absolutismo político en forma de patriotismo, contra minorías tachada de comunismo, o peor todavía como traidores a la República constitucional más libre del planeta. Sin embargo, aquella caza de brujas o Comité de Actividades Antiamericanas (mejor estadounidenses) nada podría hacer contra la voluntad de individuos como Dalton Trumbo y el inexorable paso del tiempo, erigiéndose en defensores de la sociedad moderna, del trabajo sin esclavitud física o intelectual junto a otros escritores y artistas que predecían los peligros de una industria demasiado teledirigida.

La idea no puede ser diseccionada y enterrada bajo una interpretación determinada, el protagonista principal Bryan Cranston se embarca con altibajos excesivos en ese  mundo literario oculto, que no debe ocultar esta lucha sorda y la ejecución de una película como Trumbo. Aunque conocida, necesaria para reclamar la identidad de los autores y escritores esquilmdos y, su valor para crear la base.

Jay Roach, de una forma visual más impactante para fans o cinéfilos recalcitrantes de la actualidad, cuenta con algunos de los protagonistas o estrellas de Hollywood de aquellos años de guerra fría. Y un guion divertido basado en el libro de Bruce Cook, no menos atractivo para el público en general o demócratas con deseos reivindicativos sobre la diferencia social e intelectual.

Trumbo: Su escritura e historias fantásticas sobre el carácter humano (recordada su película "Johnny cogió su Fusil", incluso llegó a dirigir un vídeo de Metallica) derivó en una batalla, esa que tanto quería alejar. Encarar su nueva y penosa situación con gran capacidad para la supervivencia y resistencia a desagravios personales, o palos en las ruedas de su imaginación con amigos a su lado y enemigos bajo distintas apariencias sugerentes. Entre nombres clásicos, abrigos y casas de lujo, que manejaban resortes ocutos de una industria de los sueños que quedó algo sesgada. A pesar de dedos inquisitoriales que señalaban el patíbulo como destino de las palabras, Trumbo siguió engranando su trabajo bajo formas disfrazadas, y compañeros que por voluntad propia o coacción debieron tomar decisiones comprometidas sobre aquella soñada y peleada libertad.

En este interesante retrato de una época comprometida por el FBI de Hoover, el actor californiano Bryan Cranston envejece a un personaje algo caricaturesco y su exilio forzado a tierras mexicanas (silenciado) para trabajar como escritor bajo una sombra alargada también exilidad o bajo la tipografía de compañeros en el bajo presupuesto. Hasta la reaparición en grandes producciones y, por fin, el reconocimiento en títulos de crédito por sus escritos, en notables películas conocidas. La interpretación mantiene el tipo intelectual de Dalton Trumbo en las diferente etapas vitales y laborales, el físico depende del espectador.

Edward G. Robinson: Michael Stuhlbarg se hizo con el papel del judío reivindicativo, actor luego escondido y posterior cantarín como otros, forzado por su alter ego en Hollywood a doblar e hincar su rodilla ante el estado y poder, por tanto, olvidar cierto pasado. Sus ilusorias interpretaciones de la última etapa, cuando hace pocos años acababa de rodar La Mujer del Cuadro o Perversidad de Fritz Lang, El Extraño de Orson Welles o Perdición de Billy Wilder. Casi nada, para un eterno con el gesto recio e inflexible, que tuvo que dar su brazo a torcer.

John Wayne: David James Elliott ha desmotando de su caballo al gran Duke, con su altivez y exceso de patriotismo, para mostrarse como un endiablado hombre frente a los caidos, ejerciendo un poder físico y verbal con algunos importantes contactos en Los Ángeles, para defender a EEUU del espionaje comunista y la misión de destapar a los 10 de Hollywood, dentro de una lista negra que afectaría a más de 300 artistas. Una triste y negra historia del arte de Norteamérica y el cine en particular. Pero, sin atender a la ideología en los dos extremos, que grandes fueron las películas con John Ford.

Hedda Hooper: Desconocía las villanías de esta actriz y periodista, hija de una familia cuáquera.
Poco después de aquellas fatídicas fechas, trabajaría en Sunset Boulevard de Wilder, dando quebraderos de cabeza a sus compañeros que, con ella, algunos empezaran en el mudo. Curiosamente, sin hablar no nos enteraríamos de su pensamiento tras la pantalla. Aquí, la maravillosa actriz Helen Mirren se recrea en su suerte y se convierte en una siniestra e implacable mujer de la alta sociedad artística y los negocios, que dedicaría un esfuerzo ímprobo para terminar la carrera cinematográfica o literaria de algunos de sus compatriotas más distinguidos. Perfecta, más dentro de la película que fuera, en la Historia.

Kirk Douglas: En 1960 el gran actor produciría e interpreta al rebelde Espartaco, con su amplio sentido para la reclamación de los derechos humanos y la libertad. Aquí en Trumbo, Dean O´Gorman (El Hobbit) es un vital actor que se identifica como el luchador incansable con sus ideas e incluso, cierta labor humanitaria con los represaliados. No importa el parecido, pues en otros biopics nos quejamos de prótesis inapropiadas, que convierten a los actores en muñecos acartonados. Por ello, gracias a uno y otro, en papel de uno de los grandes actores que destacó por infinidad de protagonistas y obras maestras, entre la que se cuenta una difícil producción y posterior rodaje del filme de Stanley Kubrick. En 1947 prácticamente comenzaba su carrera con El Extraño Amor de Martha Ivers de Lewis Milestone y Retorno al Pasado de Jacques Tourneur.

Productores, directores y guionistas: Todos tuvieron que hacer frente a las acusaciones en unos casos, y a la vergüenza por construir un dramático episodio que, con imaginación y ganas de continuar adelante, sirve de marco a la película Trumbo. Estas personas fueron importantes por estar en contra de unos derechos pisoteados (o desgraciadamente, otros a favor): Alan Tudyk (actor y voz en filmes de animación como Frozen o Zootrópolis) es Ian McLellan Hunter, John Goodman es Frank King, John Getz (Sangre Fácil, La Mosca) es Sam Wood, Adewale Akinnuoye-Agbaje (La Verdad Duele, Suicide Squad) es Virgil Brooks, Louis C.K. (escritor, productor y actor en películas como Blue Jasmine) es Arlen Hird, Roger Bart (Excisión) es Buddy Ross, Richard Portnow es Louis B. Mayer, Peter Mackenzie es Robert Kenny... y Christian Berkel es en su inmensa corpulencia e integridad moral, el magistral y irrepetible director Otto Preminger.

La Familia: Diane Lane es la fiel compañera y sufrida dama apoyando en los tribunales a su marido Dalton, Cleo Fincher. La hija Nikola está interpretada por Elle Fanning, mientras que los jóvenes hijos son Mitchell Zakocs y la pequeña Meghan Wolfe (actriz en dos series de televisión de primer nombre como American Horror History o True Detective).

Trumbo y el mundo cinematográfico dentro de una película que no deja de emocionar a cinéfilos como yo, ni a luchadores de la libertad cuando la inteligencia vence al intento de dirigir hacia un abismo de falsedades o intereses económicos al individuo. Trumbo y otros, no permitieron el silencio como medicamento a una oposición o ´remedio` a calificativos o insultos, que con pesimismo observamos en avance imparable hoy, sin apenas darnos cuenta. O lo que es peor, obligar a la huida o denuncia de nombres.

Ahora, convivimos con la calumnia y consiguiente persecución ideológica, las mentiras triunfan y arrastran al ser humano a un páramo de singularidad, un vacío de su labor artística o filosófica, al fin de la palabra. Dalton Trumbo se opuso a estas simples dictaduras de políticos y servidores mediocres, para intentar controlar la justicia universal, al FBI de Hoover y su cruzada contra hombres como Charles Chaplin, Robert Rossen, Edward Dmytryk, John Huston, Jules Dassin o Elia Kazan. Imprescindible visionado para futuros escritores.

Trailer de "Trumbo"
​«Fue un tiempo de maldad, y ninguno de quienes sobrevivimos salimos indemnes. No tiene sentido buscar héroes y villanos, o santos y demonios porque no hubo... Solo víctimas»