1 de mayo de 2016

El cine fantasma (by Nino): XVII.- Hail, Caesar!

Hail, Caesar!
"El cine de los Coen... un Imperio de sentidos" (por Nino Martínez)
@CinecomioWall

¡Ave Hermanos Coen!, los que os queremos y acercamos a vuestras curiosas aventuras cinematográficas y excelso imperio sensorial, os saludamos con efusión. Como dos hermanos Rómulo y Remo, que vivieron desde sus comienzos alimentados por los pechos del mundo artístico o la pasión por el cine. Antes, Ethan se decantaría por sus estudios universitarios en Filosofía y más tarde la escritura de guiones, en cambio Joel si entró por el aro del Instituto de Cine y Televisión de Nueva York y se situaría detrás de la cámara.

Vosotros que nacisteis en la Minneapolis que coronará al Príncipe de la música d.e.p., habéis ofrecido un catálogo increíble de personajes salvajes en vuestra carrera, divertidos o retraídos por las capitales de distintos géneros y reinos filmados como un teatro mágico. Vuestro es el ´Capitol` de los sueños del viejo Hollywood, aquí con el saludo imperial y el pasado a cuestas.



Desde aquellos protagonistas que marcaron la historia de nuestra cinefilia, como la comedia negra en "Sangre fácil", "Arizona Baby" o "El Gran Lebowski". Pasasteis por el suspense de mundos paralelos que chocan, del cine de gángsteres en "Muerte entre las flores", la creación escrita y Broadway en "Barton Fink" o un escarceo por el scifi en "El Hombre que nunca estuvo allí". La creación de fantásticos personajes que forman parte de su mundo coeniano como Newman en "El Gran Salto", la policía y esposa McDormand en "Fargo", o el Nota imperecedero de Bridges o el mismo  Turturro en ésta y muchas, como "O Brother!". Incluso, remake personal del quinteto de la muerte de Alexander Mackendrick o el western "Valor de Ley" de Henry Hattaway, o los asesinos en serie en "No es país para viejos". Habéis tocado todos los palos, con vuestras singular apreciación filmada de imagen y palabra.

Hoy seguís construyendo una carrera repleta de caracteres imprevisibles y un sentido particular del humor, que encuadra con la fotografía del amigo Roger Deakins con un sentido que quedó impregnado en vuestros filmes para la historia, como retrató artísticamente a otros en "The Village", "En el Valle de Elah", "El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford", o "Prisoners" y "Sicario" del director Denis Villeneuve. Un maestro en la composición y las luces.

Los hermanos Coen allá por 1987
Los hermanos Coen allá por 1987
Dueños de imágenes mitificadas y autores de montajes con estilo artesano, el cine de Joel y Ethan logra redefinir los parámetros fijos de la estructura argumental y los elementos renovados del suspense o el cine negro, la comedia y el musical. Al igual que los mediadores de otras etapas que, conseguían lo necesario e involucraban a su equipo para llegar a tiempo a la función, una producción y rodaje al que un Eddie Manix con intereses y necesidades, se abriga con gabán de detective privado u otro miembro relevante de esa época denominada de Oro, como el productor pionero del nuevo arte y negocio. Subirían al ´Séptimo cine` (1951, tras la gran guerra) para construir otra historia de Cristo más o "A Tale of the Christ". entre ficción o realismo costumbrista y mucho afán burlesco en esta etapa mítica y registrada en nuestras retinas, para bien o mal.

Pero antes, de alcanzar vuestro actual estatus de grandes creadores del montaje y maestros de la conversación, Joel fue montador de películas de terror como “Lucifer” o “Posesión infernal” (1981) de Sam Raimi, hasta que una producción personal como la divertida “Sangre Fácil” rindiese homenaje al negro americano con incipientes formas que os ceden un puesto relevante en el mundo del cine. Aunque el narcisismo en imágenes, os pueda granjear una fama de presuntuosidad entre los escasos detractores. Ahí queda vuestro estilo y lenguaje con esos guiones que reflejarían los nuevos tiempos.

Este es vuestro caso número 17 (y los que quedan para particular deleite), el de un hombre que saluda con el mítico Hail, Caesar! de los dictadores del viejo Imperio u otros que llegarían o llaman a nuestras puertas de nuevo... disfrazados de acróbatas o mercaderes de novedosas ideas.
Frente a creencias de ciertos movimientos revolucionarios, Ethan y Joel sois capaces de imaginar escenarios y evadiros con música diversa, para recrear la historia de las estrellas e imaginar sus miedos frente al ojo del público. O indagar en sus, menos profesionales, vidas ocultas para denunciar la inhumanidad de algunos hechos comunes al espectador. Construir estructuras loadas por el público, mientras en la capital del cine, Los Ángeles sirve de amanecer del viejo Hollywood que fue iluminando el camino de aventureros y sueños, al son de caídas estrepitosas o increíbles producciones de todo pelaje o condición ideológica. Si bien, algunos se obcecaran en detener intenciones artísticas, clasificadas de anti-patriotas o espionaje comunista que, de otra manera aumentaría una guerra fría, a través del telón de la sala hacia el peligro atómico.

George Clooney y los hermanos Coen
George Clooney y los hermanos Coen
Tras aquellas mentes en confrontación de amigos o vecinos y recelo de la privacidad, vuestras estrellas se entregan con pasión al nuevo entretenimiento de masas a pesar de la incertidumbre crítica, creando una oportunidad creciente de negocio deshumanizado de relaciones. El imperio construido entre guiones callados que confluirán en el sonido envolvente o emergente, y el Technicolor que pinta escenarios diseñados por cientos de artesanos y cerebros técnicos en construcción. Todos son un fuerza imparable de imaginación para producir películas de los más diversos registros argumentales o géneros:  bélicos y heroicos, románticos o disparatados... la clase B, el musical y los filmes clásicos. Y vosotros, reconocidos Coen, lográis tocar los diferentes palos en el pasado con un acierto considerable, aunque hoy pienso que debéis replantear aspectos delimitados por ese saludo, algo confuso.

¡Salve César! tiende su palma de la mano en un movimiento de incredulidad y duda, levanta al público insatisfecho en cierta medida con el resultado de un  filme histriónico y caricaturesco. Personalmente, yo os perdono por el atrevimiento y la deferencia cinéfila. Como hombres del espectáculo llamado industria u otros interesados económicamente a raíz de aquella guerra entre producción, distribución y exhibición, hoy con productora propia Mike Zoss Productions, pero sobre todo, gran inventiva en los ojos.

Os habéis adentrado en la vida privada de un cine, casi basura y casi olvidado de la serie B, en una guerra de represión ideológica que precedió a la calma chicha aparente, con el sonido de estrellas silenciadas otrora en el espacio infinito de acetato. Porque el hoy digital que vosotros evadís como yo o aquellos artesanos, es una muestra combativa de recuperar del vacío experimental a unos 70mm. monumentales, radiantes escenarios, sonrisas y lágrimas, o coreografías con otro punto de vista menos encorsetado actualmente. Sobreponiéndose a problemas tecnológicos, políticos y financieros, que apresaron a vuestros personajes en el ayer. Con este guion alocado (abarcáis demasiadas inquietudes de vuestra mente) y recordáis el tiempo de los inicios, intentáis y  lográis por momentos, rescatar a aquellos actores y actrices olvidados por la historia; de igual forma revitalizan o afianzan papeles clásicos que nacieron del suspense o el musical, al Kirk Douglas que combatió maldad con fe y espada o retorcía a sus amigos en la inversión inolvidable de los Cautivos del Mal de Vicente Minnelli, en ese homenaje al trabajo de otros hombres y mujeres tapados por los más recordados en la gran pantalla, e idolatrados por todos. Por tanto, incansables escritores como el guionista Turturro en su habitación constreñida por la responsabilidad y el miedo, así dais a conocer la persecución o descrédito del trabajo de escritor, en aquellos días y éstos, que aumenta hasta la nausea. Perseguidos por carroñeros que se alimentan de las letras e ideas ajenas.

George Clooney en "Ave, César"
George Clooney en "Ave, César"
Son las palabras tan necesarias que pertenecen a la maquinaria onírica o interna del individuo solitario frente al papel y entre sus dos regiones cerebrales, tal que afectan o emocionan a la mayoría de espectadores, entonces y hoy. Como los entrecortados discursos de cowboys, aquí interpretado por un magistral Alden Ehrenreich (protagonista del nuevo trabajo dirigido por Warren Beatty y el filme The Yellow Birds), a los siniestros mensajes de espías que surgieron del frío en un océano plagado de tiburones y consignas, como el submarino acechante o depredador después de un baile de apariencias y el camuflaje de un director benévolo que guía a la estrepitosa estrella. O el ídolo tocado con casco romano que se debate entre cordura, la separación y la corona de espinas, demostrando que George Clooney es un infatigable profesional que actúa en todos los frentes, como Kirk.  Aunque la estructura se venga abajo por la inconsistencia de lo expresado u olvidado intencionadamente. Porque, los Coen forman parte ya de este amado, Séptimo Arte que implantó la voz en artistas, e iluminó la vida de sus creadores. Y todos nosotros.

Sin embargo, nadie ni vosotros mismos, pensaría que idear y rodar una película sacando a flote las miserias ocultas de sus protagonistas, fuera escasamente una misión de audaces tan ingrata, de crítica o un servidor. Pues, sus paralelismos se entrecruzan temporalmente y transforman la creación en un monstruo demasiado enorme y descerebrado, casi como un molino titulado Frankenstein con brazos imaginarios.

Y cuando lo complicado se convierte en sencilla diversión que no profundiza en los temas elegidos, ni hace sangre en el recuerdo, incluso teniendo ´supuestamente` al descentrado Dios de su lado, o el mismísimo Clooney haciendo de maestro de ceremonias en una gran farsa documentada, o realidad
retratada con capas de intrascendencia. Lo siento, creo que es la segunda producción (junto a Crueldad Intolerable) que vuestro tándem cómico hace aguas por momentos, en buque de guerra o nadando por una piscina irreal que no me produce, la satisfacción de otras obras. Ni atracción o ferviente admiración por lo escrito, aunque si lo tratado en Hail, Caesar! de forma superficial. Pero, mee resignaré y arrodillaré antes vuesas majestades de lo fílmico, esperando un nuevo trabajo que me devuelva al redil coeniano, como siempre.

Quizás eso pasa por confiar demasiado en divinidades o añorar otras épocas, del deseo y la sucesión de secuencias que homenajeasen más allá de lo abarcable a nuestro diminuto recuerdo. O, soñar con diosas de Hollywood que se entregaban a secuencias imprevisibles, con la luz fuera del foco de lo interpretado en pantalla,  y disminuida conciencia de los hechos. Mientras un enfrentamiento tanto musical como argumental, sueña de fondo como un rumor de lo que pudo ser. Y hacerse con el control de una situación desesperada, ante este espectador que poco a poco, se va entregando al ostracismo de una comedia desordenada que no llega a lo deseado, o esperado.
Pero, siempre hay cosas a destacar en una producción de los Hermanos Coen... el reparto extenso de grandes y reconocibles rostros encumbrados por su labor interpretativa, como a Josh Brolin forjado en el suspense detectivesco y la dureza de gestos, Ralph Fiennes dirigiendo con mano firme su candidatura a gran comediante o bufón que se mira en el espejo pretérito, Chaning Tatum ofreciendo su cara y un trasero XXL más divertido (antes de MIB 23 o su Gámbito). De Frances McDormand labrando su camino en la pantalla a cuentagotas y al lado de Joel a tiempo completo, a una Tilda Swinton desdoblada en esta ocasión demasiado histriónica para mi gusto, o Jonah Hill más escueto que enamorado del mito, o ella... ya que Scalett Johansson se ve desdibujada entre el cloroformo de un papel sin matices, que flota alrededor de un robotizado esquema.


Trailer de "Hail, Caesar!"

Este viejo admirador de vuestro cine, de cierto halo romántico que despierta con ¡Ave César!, y a veces bosteza... su memoria revuelta entre conexiones neuronales del ayer y figuras de hoy, todo se desbarata al final o pierde el hilo entrecortado de su laberinto de pasiones cinéfilas. Un pequeño desliz tras las grandes comedias en Un Tipo Serio o la maravillosa A Propósito de Llewyn Davis.
Tampoco, en esta ocasión, la música de Carter Burwell es suficiente para emocionar, ni la catarsis del argumento se mantiene en el abanico de números musicales tan exuberantes como asíncronos, es decir, poco conectados entre sí. Ni, los lobbys de poder dan la sensación de miedo ni control de los contenidos interceptados, es dramatismo ordenado más bien en una especie de censura sin fundamento real.

Al menos atractivo, supuestamente ideológico, que refleja la fe en una época de vaivenes y nuevas personalidades políticas, que venían de levantar su brazo metálico y oscuro en señal de pleitesía a dictadores de turno y, belicismo que acabase con millones de personas en el mundo. La historia de Hail Caesar! va por otro camino, menos punible y ligero, con algunas conversaciones hilarantes.


Porque el humor es un hito en la necesidad del cambio mundial, como la sonrisa de los extras en una peli de romanos ante el bocadillo a mitad del rodaje, o un César sumarísimo declarando con dedo acusador un combate mal ejecutado o nulo, mientras se atiborra de vino.
Hail Caesar!, los que van a recapacitar de lo visto, os vuelven a respetar y saludar. Pues, divinos o terrícolas, son singulares siempre los Hermanos Coen.