22 de mayo de 2016

El cine fantasma (by Nino): XVIII.- Slow West, Jane Got a Gun y Forsaken

Slow West, Jane Got a Gun y Forsaken
"Tres, vuelven a cabalgar junt@s" (por Nino Martínez)
@CinecomioWall

Todos los personajes que aparecen en estas tres historias sobre el cine del Oeste, tienen su paralelismo con aquellos otros que surgieron a raíz del nuevo invento con "El Gran Robo al Tren" en 1903 y posteriores. Grandes películas que poseían reminiscencias de antiguos héroes de la mitología y villanos, propagados a través de las páginas de la literatura e historia. Por ejemplo, en la trilogía del dólar, estilizada con nuevos bríos por Sergio Leone, sucede algo similar a la época actual cuando se consiguen renovar aquellas premisas que hicieran del western, un género que traspasaba las fronteras del continente americano, para adentrarse en nuestra mentes con historias repletas de venganza, amistad, romance y traición.

Leone retrató con acierto, y mala leche, unos filmes que cambiaron, o acentuaron, numerosos rasgos de las novelas gráficas y el cómic, fijándose en guiones turbulentos y malsanos, basados en los pistorelos del Far West. Lo logró...

Forsaken, Jane Got a Gun y Slow West
Este comentario es un pequeño homenaje a aquellos pioneros de la manivela fotográfica, que querían expresar con movimiento visual a aquellos hombres y mujeres pertenecientes a una era convulsa y predecesora de descubrimientos. Especialmente a un ligero cambio que magnificó la esencia del western, transformando a niños en delincuentes, actores en míticos rostros de rutilantes estrellas, y a los héroes solitarios en justicieros que defendían a inocentes de la corrupción y la muerte. Se fija en la cercanía de la cámara, a manos empuñando el revólver y paisajes agrestes o grandes espacios salvajes, a sus inolvidables ojos... con tres películas que invierten el panorama a detalles de corta distancia, o el resurgir del western hasta nuestros días, año 2016 como un polvoriento vaquero, espacial acercándose a la escena final para enfrentar a ladrones o criminales. Un trío de caracteres que empezaba con Clint Eastwood y su puro, en "El Bueno, el Feo y el Malo".



Todo bien engrasado, botas y Colt 45, dispuesto a apagar vicios de golpe y alumbrar de nuevo, antiguos destinos y brillos de estrellas que interpretaron o se colgaron a su solapa agujereada, el peso de tan combativo invento. Defendiendo o en su contra, al cinematógrafo como la nueva ley del arte.
Otros hoy, formarán parte junto a aquellos, del territorio salvaje del modernismo que, durante el siglo XIX emprendió un largo y rudo viaje hacia el oeste, cuando Leone criticaba ácidamente la guerra, a maltratadores y corruptos, cazarrecompensas o asesinos, y estas tres películas elevaban al culto a sus reproches y vestimentas, sus hazañas entre la venganza y la justicia, que cabalgarán de nuevo en atribulada marcha por el desierto, pues para empezar este duelo en la alta cumbre, vemos esos rostros que desaparecieron a edad temprana y se convirtieron en mitos, historia de tiroteos en la ley del más fuerte. No hemos cambiado tanto...

Un recuerdo de las películas y aquellos rodajes llevados a cabo entre Madrid, Burgos y el desierto de Tabernas en Almería (también interiores en Cinecittà de Roma), Il Buono, Il Brutto, Il Cattivo, con el Rubio, Tuco y Sentenza en versión italiana (Lee Van Cleef, Elli Wallach y Clint Eastwood parte de nuestro pequeño legado español al género de pistoleros), además de títulos que compartieron cartel con el spaguetti de esa generación de directores, curiosos y hambrientos de nuevas experiencias. Montajes de personajes caricaturescos, viciosos y degenerados, violentos o románticos, malditos o estúpidos. El legendario Western y sus historias basadas en los mitos, con mayúsculas. Bien, comenzaré este paseo por grandes praderas cinéfilas, en sentido opuesto a sus calificativos genéricos, con el Malo o Angel Eyes, en recuerdo al gran Lee Van Cleef... escudriñando desafiante el panorama a su alrededor. Con la música del maestro Morricone acompasando en "El Trío".

En el centro de todas las miradas y sonidos, cuatro jinetes se aproximan con parsimonia a un
encuentro horrible con la despiadada realidad, dónde se confunden los géneros en ese punto diferente que establecía la película Bone Tomahawk. Destapando una nueva oleada de terror y el sudor de los forajidos atacando desde diferentes sensibilidades del panorama actual, un vuelo temporal en el mundo cinematográfico. Aquí tres, se disputan la versatibilidad del western, con nuevos guiones y tópicos en la confrontación de aquellos pistoleros encarados con la etapa contemporánea. Mezcolanzas con diversos enfoques y realidades, recuerdos expresados desde las divagaciones personales de autor o la visión de sus mitos o antepasados y retratados apasionadamente en western de los años 30 al 60 por Hollywood, de Texas a California. Del blanco y negro más introspectivo al colorido de plumas y trajes de caballería, por los amplios y brillantes paisajes del Technicolor.

En primer lugar, malo, aparece una pareja que lucha por la pertenencia a la tierra de sus padres y la defensa de los débiles o inocentes, frente a la temida influencia económica de terratenientes comportándose como dictadores sanguinarios. En el filme Forsaken o Renegado, como tantas veces fueron en la realidad, un director nacido en Malta de nombre Jon Cassar (responsable de series televisivas como 24 y autor de esa Resurrection con Christopher Lambert), desarrolla un argumento manido hasta la extenuación y que enfrenta ambas posiciones recurrentes en la historia. Padre e hijo al rescate de la libertad y el duelo con afiliados a la corrupción o matones a sueldo, contra sus atribuladas actividades como granjeros que intentan sobrevivir pacíficamente, ante el caos de balas silbando cerca de sus tierras.

Entre hostilidades dialécticas y otros asesinatos a sangre fría, aparece otra pareja protagonista de hombre y mujer, testigos del reencuentro sentimental, menos atípico que empolvado en los muebles de una casa de campo cerrada, o que viviese mejores tiempos con consagrados papeles del pasado. Kiefer y Donald, los queridos Sutherland de siempre, son el atractivo de la película, porque su sentimentalismo es más verdadero que, el envoltorio desdibujado entre el hijo renegado y su pretérito amor fracasado, Demi Moore, totalmente olvidable. Intentando revivir el arquetipo de un romanticismo arcaico, pero sugestionado por sus diferentes formas de interpretación o, su atracción sexual que desprende menos luz que una lámpara de gas en el vacío.

Todos, se mueven por la compasión del espectador y anodinos recuerdos de los olvidados, aunque a mi parecer, la relación más convincente (aunque ligeramente escasa) es el enfrentamiento entre los viejos pistoleros, Kiefer contra el asesino sin escrúpulos de El Cuervo, Michael Wincott. Cuando los jóvenes malvados, guiados por un avaro alcaide, interpretado por un profesional que permanece en la brecha como Brian Cox, tienen demasiadas cuentas pendientes con la historia y heridas abiertas del western. Desdibujados.

Forsaken podría despertar la simpatía de fans de distintas generaciones, pero ni ellos pueden con la presión de un ataque deliberado o sistemático a su retirada granja, ni el grupo de asilvestrados herederos del mal, se mueven en sentido dramático y acertado que requiere la empresa, esto es, una posición relevantemente despreciable, para ser salvados de la quema. Y lágrimas fáciles como homenaje a su vida de cine... sólo recomendables para apreciar de nuevo al entrañable y brillante Donald Sutherland en su encuentro con el pequeño, protagonista de aquella comiquera Arma Joven o Young Guns.

La segunda historia, la fea, trae los ecos del mundo salvaje. Oídos sordos para el buen aficionado, a pesar de las múltiples detonaciones y llamaradas, sin la brillantez de esos grandes directores que se sumergieron en los personajes atrapados, entre el deber, el honor y la atmósfera del siglo XIX en un expansivo EEUU. El momento de la formación de la nación, más bien tiene ciertos paralelismos con la anterior refriega o balacera contra la familia Sutherland, que ser los protectores o vengadores de causas justas de John Ford. Tanta confusión, por la unión de dos fuerzas extrañas y divergentes, tanto por la frialdad romántica en la interpretación desapasionada de nuevo, como por la apariencia de muñeca de porcelana de su protagonista femenina. Aquí, vuelve a ganar el lado oscuro o feo, frente al héroe venido a menos según los vaivenes de la vida, amorosa en la frontera, interpretado por Joel Edgerton (The Gift, aquí también guionista) y la joven galáctica Natalie Portman, alejada de la fuerza y algo del éxito de antaño. En este territorio desértico, pareciese andar algo perdida, también debido a un argumento soso dirigido por Gavin O´Connor (notable en Warriors) y demasiado cargado de tópicos como el anterior filme comentado.

En Jane Got a Gun o La Venganza de Jane, algo eleva la calidad de unas escenas de acción calientes y exageradas, algo poco creíble en la reacción heroica y las relaciones de sus protagonistas. Son una banda más beligerante y fantasmal, o unos asesinos más temibles y sanguinarios, pues la sangre es protagonista de sus secuencias y duelos. Malnacidos cuya función es la presión y el acorralamiento de estos, aparentemente, desprotegidos e inocentes granjeros con heridas abiertas en el lecho. Pero, esta batalla se posterga demasiado con numerosos vaivenes temporales, y después mucho ruido y pocas nueces. Alejando al espectador, por pesadez de flashbacks, nada reconfortante para el más ´fordiano` o un seguidor de Clint Eastwood en las pelis de Leone.

Por el contrario, la cabeza pensante o diletante de esta historia de venganzas y tensiones no resueltas, sin esencia, o extendida avaricia por posesiones privadas, de otros... permanece disfrazada, en hombros casi irreconocibles de un Ewan McGregor, que juega a la dispersión con la careta de taimado dictador en potencia. Así, Jean Got a Gun, pretendía menos actuación impostada. Pues las cosas feas, podrían haber funcionado mejor con argumento más compensado en requerimientos emocionales, dejando los términos de la pelea en realismo más acentuado, o fuera de las poses de forajidos por novelas y tebeos con dibujando refriegas del far west a puñetazos. Se delimita a sí misma, con una caricatura de sus hazañas o personajes sin peso en la historia.

La Buena, a la tercera va la vencida, como diría Billy el Niño... porque entregado a la tranquilidad de un viaje a lomos de caballo y una charla unívoca consigo mismo, entre el polvo del sendero y los encuentros fortuitos, Slow West, se transforma en una brillante alegoría. Sobre la mítica relación de enamorados (o no tanto) que desean una reunión postergada en diferencias sociales de la Escocia aristocrática, y ´rarezas` al estilo de Edipo.
Aunque más motivada por la vieja leyenda de Romeo y Julieta, con luchas fraternales entre clanes, por caminos impredecibles del romanticismo o las parejas entre caballero y escudero, cuando el imponente Michael Fassbender se disfraza de Sancho Panza o vigilante sin amo (antes de enfrentarse a Mallick, asesinos de videojuegos, mutantes y xenomorfos) y se halla, más bien tropieza, con un hombrecito de dieciséis años, barbilampiño. Enamorado que se propone un encuentro increíble a la reconquista del corazón, con la actriz sudafricana Caren Pistorius (participa en película de Derek Cianfrance, The Light Between Oceans, junto al propio Fassbender, Alicia Vikander y Rachel Weisz); un amor en traslado temporal y formal, más que traicionero, casi dulcineico.

Así, movido por el deseo de su personaje casi asexual y una actitud heroica o decidida del actor Kodi Smith-McPhee (El Congreso, El Amanecer del Planeta de los Simios, y que ya actuara dentro de esa piel shakespeariana anteriormente), ahora vuelve a encarnar esa visualización del romanticismo ciego y venenoso, con buenas hechuras para el crecimiento personal. La caminata es una sucesión de buenas acciones y brillantes diálogos, que recuerdan a diversos personajes del western durante su marcha ´silenciosa` hacia el amor imposible, o como aquel rifle Winchester 73 del gran Anthony Mann, fuera mostrando su transición pasando de mano en  mano a diferentes propietarios y recreando los agujeros que abriera en los cuerpos de sus interesados ladronzuelos o asesinos, referentes de repartos míticos de Hollywood y el western clásico.

Además, dentro de Slow West y la cabeza de su director novel John McLean, se plasma su entusiasta guion plagado de sorpresas, que entrecruzan las vidas de esos representantes del western, dónde aparece ese punto de vista crítico y necesario, sobre la violencia o la estupidez humana ante una guerra y la codicia. Aquí, los malvados podemos ser cada uno de nosotros.

Pero, lo bueno se siente a través de la respiración pausada de sus protagonistas. En la mirada del joven director británico se descubren todas las sensibilidades sobre tan despiadado panorama, desde esa conexión romántica con Shakespeare y Cervantes, o la idealización del amor y sus cartas pasionales, hasta recalcar la justa reclamación territorial y de paz. La civilización moderna frente a la idea de identidad indígena, recalcada especialmente, la fotografía de Robbie Ryan (Fish Tank, Philomena) y una banda sonora que acompaña turbiamente sus imágenes oníricas, compuesta por Jed Kurzel.

O incluso, la parábola cáustica de un encuentro definido por la desambigüación de los sentimientos o la frialdad, frente a la mitificación del propio héroe. Pero, que esconde en su interior, sensible y pesaroso, esa pérdida de identidad o esencia del western, no la violencia, y la regeneración de una nueva historia que comienza en bondad. Slow West es otra fuente de revitalización del género y sus mitificados protagonistas, deseando reencontrarse con la tierra bajo sus botas desgatadas y colgar su cincho tras la puerta del hogar. Son los toques personales de este interesante director y sus homenajes a las películas de Sam Peckimpah o las interpretadas por antihéroes, que aconsejan y disparan protegiendo a su joven inocente amigo. Si bien éste a pesar de su escasa edad y experiencia con los sentimientos, ante un hombre más de acción, da muestras de un sentido práctico, casi responsabilidad poética, que inoculará en el personaje rematado por un callado pero convincente Fassbender. Palabras y razones indelebles, una razón para perseguir nuevos sueños.

En Slow West todas las secuencias e imágenes tienen un porqué, y las relaciones entre sus personajes principales con secundarios (aunque fuera tan solo un breve cruce de miradas entre la naturaleza) son el principal atractivo de un viaje que funciona como odisea personal y humana. Preámbulo del resorte fordiano y del antihéroe, que hace de esta película, una notable recomendación personal en esta comentada trilogía. Tan diferentes como el propio género, la buena es Slow West, evitanto los tópicos y profundizando en las raíces del pionero cine de vaqueros e indios, de aventuras salvajes entre romanticismo y crítica, ante la meditada sensibilidad de lo nuevo, con infinitas perspectivas que abarca intelectualmente... o visualmente con su cámara. La que nacería después de una época convulsa, el Western.