10 de julio de 2016

El cine fantasma (by Nino): XXI.- III (Das Ritual)

III (Das Ritual)
"Sin rito no hay paraíso... ni infierno" (by Nino)
@CinecomioWall

Cartel de la película
Con el número tres viene precedida esta coproducción entre dos países, a los que la historia del cine reservó un lugar primordial para la evolución del descubrimiento más importante para el mundo cultural del siglo pasado y su expansión mediática hasta la actualidad. Un involucramiento evolucionado de la técnica entre Alemania y Rusia es causa de sorpresa y halago, ofreciendo una película de tintes terroríficos sobre la enfermedad física y la posesión espiritual, pero con rasgos surrealistas o enarbolada dentro de un contexto natural y fantástico, dónde no se encuentran demasiadas respuestas significativas, sino incógnitas infinitas sobre el devenir.


En una época indeterminada, el director Pavel Khavaleev crea una película enfermiza y onírica, de estructura triangular con el título de III que explora la mente de una joven atractiva, apresada por un condicionamiento personal y vecina de una parroquia rural que permitirá una puerta a lo desconocido. Su lucha irá contra unas circunstancias extrañas que están produciendo cambios dramáticos en el comportamiento, en el ambiente creado fantasmalmente y las entradas al mundo de los sueños, con pérdida de la salud y el  raciocinio necesario para contrarrestar el mal procedente de los cultos y la mitología mágica.

Con la ayuda de su hermana y un representante religioso en una trilogía física, comprobarán cómo la lectura puede tener caminos impredecibles, hasta permitir la apertura de abrir que nunca antes, pensamos que pudieran estar ahí. Entre los tejados, el viento y la naturaleza. Nos hallamos en una población europea de interior (el rodaje se efectuó entre la localidad rusa de Nizhny Novgorod y Marburg en Alemania), con el guión compartido de Aleksandra Khvaleeva, Oleg Mustafin y Eveniya Mustafina, estableciendo las relaciones particulares y terribles, entre dicho triángulo humano. Sus miradas diferentes, convergen en las creencias personales y la deuda contraída por la sangre, las dudas existenciales o esas raíces profundas de la creencia religiosa que derivarían a la lucha universal entre el bien y el mal.

El joven realizador ruso firmó su primer largometraje hace cuatro años, titulado Random y cuando curiosamente era autor de algunos clips musicales junto a su hermano, que les convierten en reputados Dj´s con un proyecto denominado Moonbeam (Haz de Luna),  dentro de la escena electrónica de la música dance. Sin embargo, a pesar de sus actividades, se entrega a una envoltura clásica del miedo, donde prevalece la calidad fotográfica de Igor Kiselev y un cierto riesgo en la ambientación ocultista. Un impacto visual que produce con texturas modernas y oníricas, ya que en El Ritual (que así se nombra con acento alemán ´Das Ritual` y distanciado corporativamente de ese otro Rito interpretado por Anthony Hopkins), aquí no escatima en imágenes de estimulante y  estudiada composición visual, con su pensamiento existencial. Extraño, ya que en lugar de usar los mecanismos plagados de efectos iconoclastas, o estar rodada con cámaras a alta velocidad y vibración poco estática, se enfrenta a una atmósfera asfixiante y unos diálogos enigmáticos, que preceden a la visita.


La espesura de los pensamientos de sus protagonistas, se dibujan con determinación e imaginación. El director ruso sabe cómo tomarse su tiempo para que los personajes expresen ese sufrimiento compartido y la angustia interior, luchando contra un ritual mágico de antiguas leyendas místicas y la pérdida cercana. La cámara se adentrará físicamente, por tanto, en un universo de pesadilla con tres puntos diferenciados de interés.

En primer lugar, III se configura con otras tres figuras entrelazadas con las actrices Polina Davydova y Lyubov Ignatushko, junto al sacerdote interpretado la hipotenusa por otro actor novel llamado Evgeniy Gagarin. Nada parece compacto en el filme, cuyo extremo opuesto es la duda cómo motor de una trama enfermiza. Mientras la batuta del director nacido en la ciudad de Naberezhnie Chelni, imprime un ritmo pausado y ecléctico para tomarse su tiempo en la observación de los datos, y cuyos extremos fantásticos se revitalizan a medida que la película se hace más abstracta; ya que el argumento camina hacia un complejo entramado donde converge la mitología, la ciencia ficción y los miedos ancestrales del ser humano.

La apariencia sintomática inicial va desapareciendo paulatinamente, hasta que estalla la confusión y la aparición de una ventana a otro mundo, en el interior de una mente enferma y reminiscencias de un contagio extravagante y mortal. En este momento, entre mundos paralelos incomprensibles para una simple lectura, los términos escritos crean una muñeca rusa que esconde su misterio en las entrañas, tal que una estructura aún mayor y compleja. Sus actrices, semi desconocidas internacionalmente, componen los papeles de dos jóvenes sufridas de nombre Ayia (convincente, la joven y bella Polina) y Mirra, algo más relegada con un papel de contenedor del sufrimiento familiar y eclipsada ante el excelente trabajo de su hermana cinematográfica, con un papel más extenso y enigmático. Aunque, en gran parte del metraje, sus actuaciones pequen de exceso de inexpresividad que enfría la empatía con sus necesidades argumentales y su pensamiento algo contrapuesto.
El segundo punto a tener en consideración, proviene de una ambientación rural que acapara nuestras miradas y la sensación de abandono de sus dos protagonistas, entre una penumbra fría, marchita y creciente. También, un tanto excesiva en el aspecto físico de los encuentros como en el viaje espiritual emprendido a lo desconocido, por el estado emocional y los efectos. En la película, existe una puerta abierta entre dos mundos, que desplegará un poder capaz de enfermar a una de ellas y acabar con la vida de otra persona cercana e importante en sus vidas. La expresión artística tiene su espacio creativo con este nuevo director.

Pero lo mejor está por llegar, casi ya de improvisto.... el final. Los demonios se confunden en una división entre su realidad y creencias, nada habitual con la excusa de adentrarnos en una historia superior. Observamos situaciones extremas de la conciencia y enigmas que confieren una idea metafísica de la existencia en el mundo sensible y su argumento, por tanto, es una oportunidad única para evolucionar a otra dimensión, dentro de un universo de pesadilla repleto de sobresaltos, que aumenta con ese punto de originalidad y forma la base estructural de este interesante filme ruso-germano.

¿Y si la 'enfermedad' es algo totalmente impensable en principio, ... y si se tratara de un trauma generacional, o una obsesión?
Porque, el suspense que desarrolla visualmente, proviene de la abstracción y los sueños son una de las materias que me apasionan en este 'III', u otros significativos con la apertura mental y visual, conexiones identificativas del calibre del cine oriental clásico, el cine revolucionario de Tarsem Singh, o algo más susceptible con esta contracultura de los conceptos y la irrealidad. Como El Resplandor de Stanley Kubrick o el cine de David Lynch y sus mundos alternativos.
Lejos aún, pero incontestable con su valentía en los minutos finales y decisivos de la trama. Sin contar las impactantes y sugestivas imágenes del director de fotografía Pavel Khavaleev, dónde desarrolla esa conexión identitaria que, no por casualidad, podrá dirimir en su próximo proyecto rodado en inglés, con el sugerente y futurible título de Involution.

Por tanto, esta última cuestión esencial, trata del riesgo y una apuesta que intenta dar una explicación a lo imposible, como algo ahí fuera contra lo que no estamos dispuestos a luchar por miedo, y desconocemos que es.
En el cine de terror psicológico con mirada puesta al más allá, el paso de la luz a las tinieblas, pues la enfermedad mental o lo diabólico no es curable ni erradicable en primera instancia. Ningún método físico o común sería válido, por lo que en el cine sería necesario tomar medidas más divertidas u osadas. Es la base, en favor de nuestra imaginación construyendo historias fantásticas con ese punto discordante, que discrepa entre la filosofía y la religión clásica, mediante otras opciones más innovadoras y evolucionadas de la conciencia contemporánea.

Ayia (Polina Davydova), comienza un peregrinar físico e intelectual ante una extraña enfermedad y un posible contagio, a través de su única hermana, cuando encuentra un libro indescifrable sobre algunos rituales de chamanes ancestrales, con la posibilidad de salvarla del fatal destino. Si bien, la medicina convencional no puede solucionar la crisis de esta enfermedad con raíces esotéricos o mágicos, el padre de la localidad esconde una colección de libros con una serie de dibujos enigmáticos y místicos en su interior, que Ayia descubre ocasionalmente, y cree serán la receta mágica para una curación, tanto física como espiritual.
Y significaría la inmersión en la mente de la paciente, mediante un recorrido sorprendente a lo más profundo de su subsconsciente o algo más oculto, defendido por la monstruosidad innata, un virus extraño o una demostración demoníaca... relativa y circustancialmente hablando. Es el punto decisivo que subyace, entre el chamanismo superviviente en la gélida Siberia, ligado a los cimientos de la iglesia ortodoxa o el catolicismo del resto de Europa, que le viene a la película III como anillo a dedo incisivo. Pero, más allá, para transformar la realidad necesitará contar con la ayuda del padre Herman en un triángulo terrible y clásico, aunque nada convencional por otro lado, de la muerte. Cuyo nombre 'III' viene dado por los 3 elementos protagonistas e igual número los rituales de ese chamanismo, que Ayia tendrá que ejecutar en una frontera imaginativa para salvar a la joven Mirra.

Todo comienza con el peligroso brote de una misteriosa epidemia que, prácticamente, acaba con la población de una diminuta zona de la Europa rural, dónde las hermanas prometen a un pariente cercano a la muerte, cuidarse la una a la otra hasta el final de sus días. Probablemente, sugestionadas también con ese futuro impredecible y aterrador. Contagioso...
La voz en off, que no formó parte del libreto original, se añade a la ambientación artística, para contrarrestar la escasez de diálogos y establecer la llave de una frontera irreal. Con escenas rodadas sin audio, junto a la introducción de los efectos sonoros y la música tras el acabado final del montaje en la post-producción de la película, que compuesta por su propia banda electrónica termina construyendo esta curiosa aventura rusa, menos realista con su pasado cinematográfico. Por otro lado, poco dado a la visita de estos ritos de ultratumba, u otros mundos fantásticos o paralelos.

Tráiler III (Das Ritual)

El resto son buenas intenciones por parte de un impactante Khavaleev y una idea sorprendente, entregado a esta concepción artística con escasos medios. En el que subyace una idea muy interesante, premonitoria o, sugestión sobre lo que somos... y adónde nos dirigimos, no necesariamente real. Por descontado.